Me duele todo, llevo horas encadenado y con la cabeza tapada. No se donde las cosas comenzaron a salir mal; no se si fue cuando robaron mi Montura o cuando decidí entrar sin permiso a la nave flotante de un conde loco.
Por la brisa nocturna que siento debo estar en alguna parte de la cubierta, siendo tan predecibles como son, lo más probable es que me quieran tirar por la borda. Creo percibir a un grupo de mercenarios blandengues, ellos no importan, lo que me inquieta es sentir la presencia de un Cazador de Bestias, seguramente él es la causa de este desagradable sabor metálico en mi boca, un grupo como este no sería capaz de sorprenderme ni siquiera de golpearme.
-Que bella espada tenías Jinete, ahora formará parte de mi colección junto con tu montura-
Esa voz chillona es inconfundible, el Conde d’Artres y debe estar babeando sobre mi enlève âme, si tan solo la tuviera en la vaina podría hacer más que algo.
-Descúbranlo, quiero que vea el rostro de quién lo venció-
Una tosca mano saca la capucha que cubre mi cabeza con muy poca amabilidad, ahora puedo ver que efectivamente hay un Cazador de Bestias, la gran sonrisa en su rostro muestra el orgullo que debe sentir por haber capturado una montura y su jinete en menos de dos días.
-Como vez estás totalmente rodeado, ahora que tengo a tu dragón y tu espada encantada, ya no me sirves de nada. – Esa desagradablemente aguda voz me desconcentra nuevamente, la obesa figura del conde sostiene mi espada con una regordeta mano, observo a mi alrededor y tiene razón, estoy rodeado; pero ellos no son problema, el cazador es otra cosa, no logro ver sus armas y eso me preocupa.
–Bien señor cazador, tendría la amabilidad de quitarle la vida a nuestro generoso huésped -
El delgado y pálido cazador se acerca lentamente a mí, ahora entiendo por que no lleva armas esto es peor de lo que pensé. –Será un placer despachar a este jinete- Dice el cazador con rostro de desprecio, mientras de su mano izquierda aparece una espada de energía síquica, esto se va a poner feo.
En momentos como estos agradezco las enseñanzas de mi maestro y el tener a un dragón de aliado. Me echo un conjuro de fuerza encima para poder romper las cadenas que tengo en mis muñecas, eso siempre causa asombro en mis oponentes y esta no es la excepción, claro que el cazador guarda la compostura. Es rápido apenas si alcanzo a esquivar su embate el cual deja un gran surco en la cubierta, debo emparejar las cosas, así que le pido velocidad a un hechizo que aprendí en la última guerra, para arrebatarle mi enlève âme al conde loco, no es algo tan difícil y aprovecho de darle una patada en el pecho como muestra de mi aprecio, me alegra el día ver su cara de miedo y el charco amarillo bajo él.
El cazador no espera y vuelve a atacar con su filo de energía, esta vez lo detengo con mi espada, lo bueno de tener una espada encantada es que tiene más utilidades que las de un simple cuchillo de carnicero, invoco a su espíritu y le pido que absorba la energía de la espada de mi contrincante, me encanta ver su cara cuando pierde el arma. Acerco mi palma izquierda a su estomago y le golpeo con una ráfaga de viento.
-¡A él, cobardes!- grita el conde a los mercenarios al ver a su cazador caer por la borda.
No me sorprende que ninguno me ataque, a pesar de no ser rivales para mi, son guerreros con experiencia, saben que no tienen oportunidad. Aunque siempre hay alguno que no se da cuenta de eso y aquí viene, me ataca de frente con el sable desenvainado, gritando eufórico. No es necesario gran técnica para enfrentarlo, lo esquivo, lo tumbo con un golpe en la espalda y corto a la mitad su sable con mi espada. Con eso basta, los demás mercenarios no parecen querer pelear y bajan sus armas.
-Que les pasa gallinas, atáquenlo- con el miedo la voz del conde se vuelve más chillona aun, si otra fuera la situación buscaría mi montura y me largaría de aquí, pero como el amable conde se tomó tantas molestias conmigo creo que le devolveré la mano. Un par de patadas en el culo lo ablandan más aun. Lo levanto del cuello y no es necesario preguntar nada, de inmediato me suplica piedad y promete guiarme hasta mi dragón.
Bajamos de la cubierta por una rechinante escalera, sigue lloriqueando todo el camino, esto se está volviendo monótono, pero aun así lo disfruto.
-A parte de cobarde eres un imbécil. No sabes acaso que una Montura lejos de su Jinete pierde sus poderes, e incluso la vida. No valdría nada en tu colección un dragón muerto.- Acaricio la joya que llevo en mi pecho, la cual plasma la unión con mi dragón, y agradezco que tampoco sepa que yo también podría morir lejos de mi Montura.
Al fin llegamos a una suerte de bodega, veo toda clase de armas y armaduras por doquier, y en el fondo una jaula, dentro esta Waberflig, se que no le gusta que lo llame de esa forma pero su nombre verdadero es impronunciable en lengua humana. Ya no me interesa el conde así que lo dejo ir, siento que corre escaleras arriba lloriqueando, al acercarme a Waberflig noto que está en estado de sopor, claro el cazador era hábil no hay duda de eso, puso un sello mágico en la jaula, es una artefacto poderoso pero no lo suficiente para mi enlève âme.
-¡Fuego sagrado!- Las palabras retumban dentro de mi cabeza y una explosión detrás mío me aturde, fui un imbécil al creer que podría derrotarlo tan fácilmente. El viento fresco del exterior golpea mi cara, me obligo a reaccionar y logro incorporarme, aun me tiemblan las rodillas pero puedo sostener mi espada.
-Es tu fin jinete, y una vez termine contigo seguirá tu lagartija- Lentamente entra através del agujero que hizo en el casco de la nave, ya no muestra rasgos de arrogancia en su rostro, la furia que veo en sus ojos me dice que lo de arriba fue solo un juego. Salta sobre mí, esta vez aparece una espada de energía de cada mano, golpea con las dos juntas hacia abajo, un agudo e insoportable dolor me recorre el brazo al bloquearlas con mi espada. Nada comparado con la fulminante sensación que deja su espada izquierda en mi costado, el golpe es muy rápido y poderoso, gracias a mi armadura, ahora rota, no me parte en dos. Me odio por haberlo subestimado y retrocedo lo más rápido que puedo para alejarme de él, un estante a mis espaldas corta en seco mi huida.
Es hora de hacer una jugada arriesgada, es el todo por nada. Junto las pocas fuerzas que me quedan para lanzar mi espada contra la joya que le quita el aliento a Waberflig, esta se desintegra en cientos de pequeñas astillas de cristal. El rostro del cazador se llena de miedo, con solo abrir sus alas el esplendido dragón rompe su jaula, un rugido de ira que nunca antes le había oído llena todo el espacio de la bodega. Sin que el cazador pueda hacer nada Waberflig se lanza contra él, abre sus furibundas fauces y clava sus dientes en el costado de la delgada figura, sin soltarlo y con movimientos frenéticos lo golpea contra paredes, estantes y todo lo que encuentra a su alrededor. Una vez saciada su sed de venganza lo deja caer al piso, de sus armas de energía ya no queda rastro, la sangre fluye donde los dientes del dragón hicieron su presa, aun esta aturdido así que recojo mi espada y separo su cabeza del resto del cuerpo. No me enorgullece hacerlo pero no me arriesgaré a ser sorprendido nuevamente.
Waberflig me mira de reojo con desdén -Veo que aun necesitas de mi para defenderte- Odio cuando me habla con ese tono arrogante, pero no por eso deja de tener razón.
-Esperaba que me dieses las gracias al menos, pero que más se puede esperar de un dragón- le contesto con aire engreído para disimular mi deplorable estado –Creo que es hora de marcharnos de aquí- con un dolor que apenas puedo ocultar subo a su lomo, es extraño cabalgar sin la silla pero creo que podré acostumbrarme.
-Sujétate con fuerza- siento el calor de su aliento de fuego, lo usa para agrandar el agujero en el casco, y salimos disparados através de él.
-¿En que dirección iremos “jinete”?-
-No lo se, vamos a algún lugar tranquilo, creo que ambos necesitamos descansar-
-Bien, pero necesito hacer algo antes-
Waberflig da media vuelta en dirección a la nave flotante. Se lo que va a hacer y realmente no me importa. Da un par de vueltas alrededor de la cubierta para que lo vean, y entonces comienza a esparcir fuego por todos lados, imagino los gritos frenéticos del conde, eso me devuelve algo de ánimo. En cuanto se cansa de vomitar fuego nos alejamos a toda velocidad, atrás dejamos la nave flotante cayendo lentamente, envuelta en una mortaja de llamas.
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